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El síndrome de Estocolmo de las bases del PP

TELEGRAM

LA SOCIEDAD NO ESTÁ ANESTESIADA. ESTÁ INFANTILIZADA

la inmadurez es de izquierdas.

Los políticos de izquierdas que han entendido esto, están como locos por rebajar la edad legal para votar.

El ser humano que transita de la adolescencia a la adultez, vive un proceso de emancipación. Pero esto no es siempre así;

Existen ocasiones, en las que el polluelo no quiere dejar la sopa boba, y a la vez, ejercer de pleno derecho su experiencia vital, con lo que entramos en una incoherencia.

Esto se resuelve de una forma enfermiza: El estado adopta ese papel, de sustituto de los progenitores, y esto es tan cierto, que llamamos de forma socarrona a ese totalitarismo disfrazado de proteccionismo “Papá estado”.

Más perverso es, que “Papá estado” perfectamente consciente de este mecanismo, alimenta esa dependencia castrante, rebajando la dificultad de engancharse a la maquinaria paternoestatal, mientras criminaliza al ser adulto, y eleva las barreras para ser independiente.

Ahora, se explicarán ustedes, por qué narices, un tío que eleva la riqueza de España, crea puestos de trabajo, productos, servicios, impuestos, y hasta obra social, es criminalizado. Me refiero a Amancio Ortega.

EL CASO DEL SUPLEMENTO FUTBOLERO

Los psicólogos, se han devanado los sesos, intentando comprender, cómo jugadores de un equipo de fútbol, que tienen carreras individuales, desligadas del equipo al que pertenecen, muy conscientes, de que pueden ser vendidos y renegociados, sin necesidad de terminar su contrato, a su rival en el campo, como estos jugadores, logran arrastrar a masas, que SÍ sienten los colores del equipo.

¿Cómo es esto posible?

Podemos comprender racionalmente, que la respuesta es emocional: la pertenencia fraterna a un grupo, un proyecto, suplementa emocionalmente a la afición. Esa proyección emocional, en un equipo de fútbol, que no se corresponde con la realidad, no es tan falsa como en el caso de la política, pero se parece bastante.

LLEGAMOS AL PP – EL SOMETIMIENTO, LA INDEFENSIÓN APRENDIDA Y EL SÍNDROME DE ESTOCOLMO.

Este modelo, el del fan, que en definitiva, es el dependiente emocionalmente de un ente, grupo, etc. que le suple esas carencias emocionales propias de la inmadurez cronificada, es mucho más eficiente para retener y movilizar a una masa, que la pertenencia lógica, adulta, propia de un proyecto consensuado de supervivencia y crecimiento, donde eres tú, el que lucha por mantener esa emancipación, esa independencia.

¿Esto lo saben los partidos políticos? Por supuesto.

A la luz de todo lo expuesto, se entiende mucho mejor, las palabras de Pablo Casado a Santiago Abascal en la moción de censura, donde le espeta las famosas palabras, Ha presentado una moción contra el partido que le ha dado trabajo durante 15 años

Abascal, para un fan del PP, es un apostata, no es un político.

Lo que no entiende el ser adulto, el español, que se me antoja llamar “normal” pero que curiosamente, sea quizás el más escaso, es que el PP es un fin en sí mismo.

Lo que no entiende el ser adulto, es que España se está destruyendo a una velocidad terrible, y que el fan del PP, al que, ese ser adulto, le atribuye una serie de ideales, no haga nada.

Entonces, ese ser adulto, en buena lógica, afirma que “España está anestesiada”.
¡NO! Está infantilizada, es inmadura. Y esto, no se arregla de un día para otro.

Entiendo que hay algo de cierto en la afirmación de que “cuando las cosas se pongan peor, España reaccionará” pero no es una declaración absoluta.

Si lo que he expuesto en este artículo es cierto, un fan del PP, dejará de ser fan, cuando el PP se destruya. ¿Y después? Repito: Si lo que he expuesto es cierto… Entonces se buscará otro PP.

No es ni medio normal, que con la situación que estamos viviendo, exista ni siquiera debate, sobre si nos tenemos que echar todos a la calle ya. Sobre si se presenta una moción de censura con la premisa de ir a las urnas ya. Así de eficiente, es el sistema de infantilización de la sociedad.

Sólo diré una cosa más: observen otros países. Observen el grado de infantilización de sus ciudadanos, y sus líderes. Díganme que no tengo razón.

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